“Cártel de jubilados” promueve nueva “Ley del Caos” para la UAS

Si ha de reformarse la Universidad Autónoma de Sinaloa tendrá que ser por la acción de su comunidad académica, no empujada desde afuera, no por jubilados que a su paso por la Universidad le apostaron al desorden bajo la máxima de que “a río revuelto ganancias de pescadores”.

El síndrome de la “reformitis” trastorna a quienes desde el exterior intentan agitar al interior del campus para que la UAS regrese a las etapas de las riñas y a la acción de grupúsculos que se disputen cotos de poder.

No es hermético: los mismos de siempre acuerpados en el “cártel de los jubilados” regresan intentando tomar por la vía de asalto demagógico a la Universidad con el ruido de la fabricación extramuros de una nueva Ley Orgánica, “ la ley del caos y el insulto”.

No le apuestan a que sea la intervención de los universitarios en activo, con valores éticos y profesionales a toda prueba, quienes empujen y legitimen un nuevo orden que permita a la institución la permanencia de su estabilidad y seguir creciendo en lo académico y en las áreas de la ciencia, la tecnología y la investigación.

Ese grupúsculo de jubilados, los de siempre, que tienen años desacreditando a la Universidad sienten que “es su momento” de asaltar políticamente a la institución esgrimiendo mentiras, escupiendo difamaciones, atrapados en sus propias fantasías de poder.

Esos rehenes del pasado, beneficiarios de la vieja alma mater, retornan dispuestos a romper el orden social y a atacar a las institución, usando otra vez como su “cuarto de guerra” al periódico Noroeste.

Mal momento para Noroeste que esta “célula” que obedece a intereses anti-universitarios tome de nuevo al rotativo como su principal arma de ataque para blandir mentiras contra la Universidad.

El “cártel de los jubilados” intenta pasar por encima del Consejo Universitario, de la autoridad suprema, del máximo órgano de autoridad colegiada de la Institución, integrado por el Rector, quien lo preside, el secretario general de la Universidad, representantes de las vicerrectorías, los directores de facultades, escuelas y preparatorias, unidades académicas, los representantes de investigadores, profesores y alumnos, y representantes de los trabajadores sindicalizados.

La ley orgánica de la UAS confiere a este órgano facultades para emitir las normas y disposiciones generales encaminadas a la mejor la organización y el funcionamiento de la Institución.

Es el peor momento entonces para que el grupúsculo de jubilados y dos que tres universitarios en activo, sin consenso académico y sindical, sin representatividad en la comunidad universitaria, reinicien sus ataques a la UAS y pretendan crear su propia Ley Orgánica, la de “ley del caos y el insulto”.

Efectivamente, frente a la situación financiera apremiante de diez universidades públicas, entre ellas la UAS, las futuras autoridades de la SHyCP y la SEP y el propio presidente electo Andrés Manuel López Obrador, analizan un nuevo mecanismo o estrategias para resolver asuntos como las plantillas y prestaciones no reconocidas, las pensiones por jubilación sin aportaciones de los trabajadores, así como el subsidio federal y estatal insuficientes.

El Frente Nacional de Apoyo a la Educación Superior demanda al presidente Andrés Manuel López Obrador la cancelación de la jubilación dinámica o dobles jubilaciones en las instituciones de educación superior.

El futuro gobierno de Obrador le apuesta a que las Universidades conserven su estabilidad y cierren filan, unidos todos, en torno a sus autoridades para que sirvan de andamiaje de la Cuarta Transformación del país.

El “cartel de los jubilados” camina en otro carril: el de la anarquía. Organiza un foro, el de los despropósitos, para volver para remachar sus mentiras y hacer la propuesta de la “Ley del Caos y el Insulto”. Una acotación pertinente: desde hace más de dos lustros la UAS entró en una etapa de estabilización, sin ninguna huelga, realizó una reingeniería administrativa profunda para evitar el saqueo de recursos y elevó su calidad académica.

Pero este grupúsculo se ha rebelado contra la los avances. Celebra foros, encuentros, reuniones abiertas o clandestinas, desgañitan, intentando penetrar a la comunidad universitaria para “reventar” a la UAS.

Pese a su posición de intransigencia y rechazo a la modernización de la UAS, la sociedad reconoce que desde 2005, cuando Héctor Melesio Cuén Ojeda asumió la Rectoría de la UAS, este centro de estudios ha tenido una modernización en infraestructura educativa como nunca antes, y el despegue académico, cultural, científico y tecnológico mantiene sorprendidos a la comunidad intelectual y científica el país.

Rescata la memoria de aquel ejercicio de reflexión que después de la Ley Orgánica que se le aprobó en 2006, la UAS puede considerarse formalmente democrática, con un mecanismo de participación refractaria a la violencia y al bramido, dándole funcionalidad a la institución. Quiérase que no, en la Universidad hay democracia, libertad de pensamiento, tolerancia y respeto a la libertad de expresión.

En la asonada contra La UAS, en ese nuevo intento de asaltarla por la vía de la palabra altisonante y la promoción de una ley que generaría caos y desestabilización, figuran, como siempre, María Teresa Guerra Ochoa, cargando sus amarguras ancestrales; Juan Francisco Lara Medina, negativo a todo; David Moreno Lizárraga, acusado formalmente de rapiñaje al término de su periodo rectoral en el alma mater; Ambrocio Mojardín, escudero del ex gobernador Mario López Valdez en la Secretaría de Seguridad Pública Estatal; Guillermo Ibarra Escobar, agarrado in fraganti plagiando tesis de sus alumnos y  los dueños de la Caja de Ahorro y Préstamos de los Jubilados, Florina García y Jorge Delgado.

La UAS ajustó sus tiempos a la Cuarta Transformación. No hay vuelta atrás: a la Universidad le rebota en su estructura financiera una “reforma” que conduzca al caos, porque en la mecánica de que el “hilo se rompe por lo más delgado”, obligará a otra reforma que impacte negativamente en las jubilaciones dinámicas.

La actual arquitectura y el diseño legislativo preservan el baluarte académico, moral, solidario e insumiso de la UAS. El “cartel de los jubilados” propone la abolición del orden establecido y que se rompan en la Universidad los candados que frenan los apetitos de poder de grupos enemigos de la Educación y la Universidad Pública y de anarquistas que la asedian para ofrecerla como moneda de cambio.

Los hechos están por hablar y en el Congreso del Estado se aprestan a darle entrada a iniciativas que fortalezcan, no que suman en el caos a la centenaria alma máter. Que la fortalezcan y no la debiliten. Que eleven su calidad académica no que propicien el desorden. Muy pocos bastiones le quedan a la libertad, y la UAS es uno de estos. Imposible que el “cártel de los jubilados” le marque la agenda de la ignominia a la 63 Legislatura.

El foro del jueves es para intentar fijar el camino del insulto, la descalificación en el debate externo, pasando por encima de las facultades del Consejo Universitario. El grupúsculo de jubilados engaña y juegan tramposamente pretendiendo determinar el mapa de las acciones de la UAS.

* This article was originally published here

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